La corriente naturalista: El clima

        Parece ser que el clima se ha quedado en ese aspecto que solo le damos importancia a la hora de elegir nuestro vestuario. La meteorología es importante en nuestra salud, ya no solo hablando con respecto a la fisiología de nuestro cuerpo, sino a la parte psicológica y mental que hacen reaccionar de una manera u otra según la climatología. Sin ir más lejos, las personas creen nacer en primavera, vivir plenamente en verano y decaer en otoño, para morir en la época invernal. Debemos tener en cuenta la repercusión sustancial que tiene la meteorología en nuestro organismo, por lo que os hablaremos de varios aspectos que tienen incidencia en nuestra salud.


        Afrontar días soleados es un beneficio multidimensional dentro de nuestro cuerpo. Para empezar, disminuye nuestra segregación de melatonina. Esta hormona, de la que ya os hemos hablado en el descanso como fundamento básico, es la encargada de producir somnolencia y sueño. Otro aspecto importante de tener un día descubierto y claro es la exposición a los rayos solares. El hecho de percibirlos en nuestro cuerpo de manera moderada nos ayuda a captar vitamina D, la cual nos ayudará en nuestro desempeño muscular y en nuestros huesos, absorbiendo calcio y magnesio. La carencia de esta vitamina es el desencadenante principal de la osteoporosis, por lo que las personas que necesiten de su prevención tienen un medio gratuito con el cuál mantenerse afín. Por último, hay que recordar que los rayos de sol influyen en la cantidad de serotonina. Esta pequeña actúa como neurotransmisor e indicador del estado de humor o bienestar, por lo que para combatir la depresión se aconseja recibir exposiciones solares. ¡Ojo! Cuando hablamos de recibir los rayos de sol no buscamos tostarnos en la playa en pleno agosto. Queremos situaciones naturales en las que dando un paseo por un monte conseguiríamos esas proyecciones solares, a través de arboles que dejan pasar los rayos o con la incidencia propia según el recorrido como pendientes o rocas, entre otras situaciones. Y obviamente, no impregnarse de cremas solares que inhabilitan la síntesis de vitamina D. No está de más recordar que estas exposiciones solares no pueden venir de la mano con calor excesivo, dando la oportunidad a sufrir un golpe de calor y causando dolores de cabeza, deshidratación e hipertermia. Seamos consecuentes. Si ningún animal pasea o sobrevuela en épocas veraniegas a 40 grados, no intentemos ser más inteligentes que la propia naturaleza.


        ¿Y qué consecuencias tiene un día nublado o lluvioso? Aparte de perder los numerosos beneficios enumerados anteriormente, este tipo de clima puede aumentar la presión atmosférica que, aun siendo poco percibida, influye en nuestro sistema nervioso y todo el aparato cardiovascular. Esta presión es más notable cuando se suben altitudes elevadas como montañas o sierras. Otro aspecto de este tipo de clima nuboso es la humedad, que se encargará de dificultarnos nuestra sudoración y eliminación de líquidos. Parece ser que cuando el sol no quiere hacer acto de presencia todo es malestar, pero como todo en la vida, existe una balanza. Hay un aspecto importante y necesario, que da explicación a su existencia. Los días con precipitaciones son necesarios para el ciclo natural del agua como todos sabemos, pero además, sirven para reiniciar la atmosfera y darnos un aire más puro y limpio. Una lucha encarnizada contra la polución de nuestras ciudades.

        Una vez concienciados de los pros y contras del clima, es hora de pensar con lógica. ¿Por qué realizamos la actividad física encerrados entre cuatro paredes si hace un sol estupendo? ¿O por qué desaprovechamos los rayos solares durante el otoño o el invierno? Aprendamos de nuestro origen y aprovechemos las buenas temperaturas, tanto frías para el desarrollo de grasa parda como cálidas para el buen desempeño muscular. La temperatura es importante, puesto que influye en la termogénesis. En este proceso, mientras más se aleje la temperatura ambiental a la de nuestro cuerpo, mas energía consumirá nuestro organismo para poder adaptarse al medio. Esto tiene un claro mensaje: Las personas que quieran bajar su porcentaje graso deberán trabajar su cuerpo a bajas temperaturas, y aquellas que quieran un buen rendimiento muscular tendrán que realizar sus rutinas a temperaturas más cálidas y suaves.


        El clima da mucho juego a la hora de vivir confortablemente y con una salud satisfactoria. Pero para conseguir estos beneficios hay que dejar que la naturaleza y nuestro cuerpo tengan cierto contacto. Denle el valor que merece a la salida del sol, a los días de lluvia o a las bajas temperaturas. Hagan vida junto al clima y disfrútenlo, ya que es el único que os dejará ver las estrellas.