Realizamos cierta cantidad de actividad física semanalmente
que nos puede indicar que somos unos completos deportistas. Podemos hacer un
pequeño listado enumerando el tiempo que pasamos moviéndonos e incluso, quizás
parece que nos movemos bastante y que estamos llenos de salud. Puede que nos estemos engañando sin saberlo.
¿No será ficticio todo ese tiempo que nos movemos? ¿Tenemos una buena salud a
pesar de lo que hacemos?
Como todo, depende. Depende de muchos factores, y a bote
pronto, explicaremos en que repercute cierto tipo de actividad. Por lo normal,
tenemos mucha variedad a la hora de poder realizar la actividad física que
queramos, pero finalmente, no se suele variar tanto como sería deseable. Las
típicas opciones mayoritarias en la sociedad para hacer actividad física son
dos, y lamentablemente, la gente desconoce gran parte de sus desventajas. No
quita que, obviamente, desarrollemos parte de nuestro cuerpo, tengamos un
sentimiento de plenitud gracias al movimiento ejercido (y a las endorfinas,
prácticamente) y nos cree un habito rutinario del cual, a veces, llega a
obsesión.
Una de ellas es el running. Ha causado furor en los últimos
años, gracias a su escaso coste económico y la posibilidad de practicarse en
cualquier entorno. Tiene muchas ventajas en relación a la salud entre las que
se destacan la ganancia de resistencia muscular y cardiovascular, además de la
reducción de grasa corporal. Pero, como todo, tiene sus desventajas. El
principal problema recae sobre la articulación de la rodilla. Conforme se gana
experiencia en esta modalidad, se tiende a ampliar la distancia recorrida. Este
hecho provoca que si desde un inicio ya había bastante impacto sobre la
articulación, tras el paso del tiempo se influye cada vez más en este aspecto.
No es natural recorrer 10, 20 o 40 kilómetros. El liquido sinovial y los
meniscos de nuestras articulaciones no están creados para amortiguar 5000,
10000 o 20000 impactos de media por cada pierna. Obviando este hecho, otro aspecto
importante es la degradación muscular. Se produce cuando se llega a un nivel de
exigencia excesivo, a causa de la retirada proteica de los músculos para
obtener la energía necesaria y seguir el ritmo de carrera. Para que os hagáis
una idea, solo tenéis que observar el cuerpo de algún maratoniano. Como último
perjuicio, es una tarea enfocada únicamente en la carrera, dejando sin
desarrollar las múltiples maneras que tiene el cuerpo para moverse. Esto no
quiere decir que correr distancias sea malo. Lo será si llegamos a un punto de
exigencia u obsesión en el que suponga que las desventajas expuestas se sucedan
dentro de una rutina. Si eres acérrimo a devorar kilómetros sin ton ni son,
deberías compaginar el running con otras especialidades con vistas al tren
superior. Eso, como mínimo.
Por otro lado, la segunda opción que solemos tentar son los
gimnasios. Hace unos años, la crítica hacia ellos sería más rotunda, pero hay
que ser honestos y darles un voto positivo gracias a la inclusión de clases
dirigidas que van desde bailes hasta rutinas de entrenamientos de alta
intensidad. En ellas, se puede dar rienda suelta a movimientos en los que se
trabajan diferentes planos y angulaciones de los grupos musculares. Otro
aspecto importante y beneficioso son los pesos libres, siempre y cuando
tengamos conocimiento de la técnica y una correcta ejecución del movimiento.
Existen numerosos modelos de pesos con los que trabajar, en las que se pueden destacar
las kettlebell por la cantidad de músculos involucrados en la mayoría de sus
ejercicios, como el swing. Llegado al punto clave y desfavorable, cuando la
intención en el gimnasio es usar la zona de maquinas guiadas, entonces la
utilidad decae a mínimos impensables. Sentarte a usar una maquina te propone
trabajar en una sola dirección y angulación, aislando a los músculos
estabilizadores que obligarían a mantener el cuerpo en la posición correcta y
equilibrada a la hora de realizar el mismo movimiento en la vida real. Si bien es cierto que es mejor que nada, sus
beneficios están en entredicho, y más cuando se comienza a valorar negativamente
su uso como fin terapéutico. Es difícil un cambio de pensamiento en el uso de
estas maquinas, ya que por la facilidad de uso y al trabajar parte del musculo,
la actitud es conformista en la gran mayoría de las personas. Quien quiera
lucir musculo trabajándolo en las maquinas de gimnasio no tendrá ningún
problema en carecer de armonía y estabilidad. Sobre todo, tened en cuenta el
tiempo de actividad física real, no se engañéis con las dos horas que se pasan
en la sala de maquinas vagando y esperando.
Tras esta paliza al mundo de la actividad física actual,
algunos pensarán que pocas posibilidades quedan para el día a día. Hay muchas
opciones, como rutas en bicicleta, Crossfit, deportes colectivos y un largo
etc, que quizás se merezcan un articulo próximamente. Debéis seguir recordando
vuestras experiencias en la infancia, del movimiento que estabais capacitados
para realizar por aquél entonces y de lo que sois capaces de conseguir ahora. Hasta
entonces, esperamos no demorarnos demasiado en poderos dar la información que
tanto ansiáis.